Para cualquier persona que conozca la realidad de la educación pública en la región de Atacama, resulta difícil de explicar la fiesta de aniversario organizada por el Servicio Local de Educación Pública (SLEP).
Porque mientras nuestras escuelas y liceos acusan severos problemas de asistencia escolar y una creciente falta de docentes –según un análisis de la Universidad Católica publicado por El Mercurio– en la fiesta del SLEP la música sonaba y los brindis se sucedían, celebrando quién sabe qué.
Desde CORPROA, pero también como ciudadanos que vivimos y sufrimos el estancamiento de Atacama, no podemos sino manifestar nuestro profundo malestar y preguntarnos, ¿qué celebra el SLEP? ¿Que nuestra región siga figurando en los últimos lugares de los resultados de la PAES? Las cifras de este año son una nueva bofetada: una brecha que se agiganta y deja a los jóvenes atacameños en desigualdad de condiciones cuando se trata de acceder a la educación superior.
Mientras el SLEP festeja, persisten establecimientos educacionales de la región con serias deficiencias. Es una crisis estructural que no se soluciona con discursos, ni mucho menos, con celebraciones totalmente fuera de lugar.
La educación pública en Atacama no necesita globos ni tortas; necesita gestión eficiente, recursos invertidos en las salas de clases y una voluntad política real para sacar a nuestros niños de una crisis que no hemos podido superar. No podemos normalizar las carencias, la precariedad y esperar que un milagro o gestiones aisladas vengan a solucionar la grave crisis que vive nuestra educación pública desde hace años.
Como corporación enfocada en el desarrollo de Atacama hemos sido enfáticos: sin educación de calidad, no hay desarrollo que se sustente en el tiempo. Destacamos la pronta respuesta del Ministerio de Educación y la clara señal que ha dado respecto al necesario decoro, responsabilidad y prudencia que deben tener los funcionarios regionales en su accionar.
Los atacameños exigimos que las autoridades actuales y futuras se pongan a trabajar en lo que realmente importa: devolverle la dignidad a la educación de nuestra región. Menos fiesta y más gestión: Atacama no puede seguir esperando.